LUNA DE OCTUBRE LA MÁS HERMOSA Y FECUNDA.
Mucho antes de que el compositor mexicano José Antonio Michel Santana, integrante del trío Los Hermanos Michel, se inspirara en la Luna para escribir la famosa canción y vals "Luna de octubre" que a la letra dice: “De las lunas, la de octubre es más hermosa, porque en ella se refleja la quietud”, las sociedades mesoamericanas ya habían realizado una minuciosa observación, estamos hablando que, iniciaron el registro y cálculo formal de la observación de la Luna alrededor del año 496 a. C.
Las sociedades mesoamericanas habían establecido el cultivo del maíz como alimento básico, alimentación que se complementaba con el frijol, la calabaza y una enorme riqueza de otros productos agrícolas que provenían de una milenaria historia de experimentación y observación. La religión, la cosmovisión y el complejo ritual de las fiestas del calendario se basaban también en la agricultura como sustento básico.
A partir de los ciclos agrícolas del maíz se conformó un complejo panteón de deidades íntimamente relacionadas con las actividades productivas. Este panteón estaba vinculado con el culto a la Tierra, así como con los aspectos meteorológicos del culto de la lluvia, los cerros y el mar, aunque, sin duda, existían otros aspectos de la religión que giraban alrededor de cultos como el solar, de los astros, del fuego y de los muertos.
En las fiestas de carácter agrícola se reflejaba la división del año en estación seca (tonalco, “el calor del sol”) y xopan (“la época verde”). Se puede reconocer en ellas la existencia de los dos ciclos agrícolas que existen en el Altiplano Central: el de regadío y el de temporal.
En los cultivos tradicionales estos ciclos se mantienen hasta la actualidad, significa darle continuidad al pasado. En el ciclo de regadío se siembra en enero o febrero y se cosecha en junio y julio; a los dos meses ya puede haber “jilotes” (elotes). En el ciclo de temporal la siembra se hace entre abril y junio, y la cosecha tiene lugar entre fines de octubre, noviembre y diciembre.
De tal manera que los mexicas y los mayas asociaban la luna de finales de septiembre y octubre con una buena cosecha porque marcaba el fin de la temporada de lluvias y el momento de recoger el maíz, el alimento sagrado mesoamericano. En la cosmovisión prehispánica, esta creencia combinaba una estricta observación astronómica con explicaciones mitológicas y prácticas de supervivencia. Sus razones principales se dividen en tres pilares:
Para ambas culturas, el año se regía por el ciclo agrícola de temporal. Las siembras comenzaban en primavera y dependían de las lluvias del verano. Para el mes de octubre, los cultivos de la milpa (maíz, frijol y calabaza) alcanzaban su máxima madurez. La luna llena de esta época indicaba el momento exacto en el que el grano estaba listo para ser recolectado y almacenado antes de la llegada de las heladas o las secas de invierno.
El año solar mexica (Xíhuitl) constaba de 18 meses de 20 días. Los meses que coinciden con el otoño estaban dedicados casi por completo a la maduración, protección y recolección del maíz seco:
Ochpaniztli (septiembre) que significaba "barrimiento". Marcaba el inicio de las cosechas y se veneraba a Chicomecóatl (diosa del mantenimiento y del maíz maduro) y a Toci (la Madre Tierra). Se realizaban ritos de limpieza para recibir los frutos de la tierra.
Teotleco (septiembre-octubre): Significaba "la llegada de los dioses". Se celebraba el regreso de las deidades a la tierra una vez que habían cumplido su función de hacer germinar y madurar las cosechas. Tepeílhuitl (octubre-noviembre): La "fiesta de los cerros". Se honraba a Tláloc y a los montes, ya que de ahí provenían las nubes y las lluvias que habían permitido el éxito agrícola. También se agradecía de forma directa la cosecha del maíz.
Aunado qué para ellos, la Luna no era solo un cuerpo celeste; era una deidad de la fertilidad, el agua y los ciclos vitales. Tomando en cuenta que los mexicas creían que la Luna (asociada a deidades como Metztli o Tecciztécatl) era una inmensa olla llena de pulque (el líquido sagrado de la fertilidad). Al cambiar de fase, la olla se inclinaba y derramaba su líquido sobre la Tierra, nutriendo y madurando los cultivos.
Por su parte los mayas adoraban a Ixchel, la diosa de la Luna, el nacimiento y los ciclos de la tierra. Creían en su fase llena, el poder de la diosa alcanzaba su punto máximo, dotando a las plantas de una "fuerza vital" superior.
En cuanto a la luminosidad y movimiento de la savia de la Luna, existía también la creencia práctica y empírica, los agricultores prehispánicos eran astrónomos sumamente meticulosos. Observaron dos fenómenos reales:
Tenían más luz para trabajar, decían que la Luna llena de inicios de otoño (a menudo llamada también "luna de la cosecha" o "luna del maíz") se caracteriza por salir casi inmediatamente después de que se oculta el sol. Esto regalaba a los campesinos horas extra de luz nocturna para acelerar la recolección de los campos.
También notaron que la gravedad lunar influía en los fluidos terrestres. Creían que en Luna llena y el inicio del menguante, la savia de las plantas se movilizaba de una manera que garantizaba que los granos cosechados tuvieran menor humedad interna, lo que evitaba que se pudrieran o se llenaran de hongos al ser almacenados para los meses de frío.
Popularmente se cree que la luna está más cerca o es más grande en octubre. Sin embargo, la ciencia y la astronomía explican que esto se debe a un fenómeno de percepción: octubre marca el fin de la temporada de lluvias en México. El cielo queda despejado de humedad, polvo y nubes, lo que permite ver el satélite con una nitidez y claridad excepcional.
Al estar tan cerca de las festividades de noviembre, la cultura popular también relaciona la luz clara de la luna de octubre con elumbra y guía para las ánimas que empiezan a transitar desde el más allá. Finalmente es importante decir, aunque no es exclusiva de octubre, la mitología mexica asocia la Luna con deidades y con la famosa leyenda del conejo en la luna, donde el dios Quetzalcóatl plasmó la figura de un noble conejo que se ofreció como alimento para salvarlo del hambre.
Lic. Heidy Wagner Laclette
Cronista Honoraria del Municipio de Cadereyta de Montes.

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