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"INTERPRETACIÓN ONÍRICA DE LAS ANTIGUAS CULTURAS MESOAMERICANAS"

  • Corresponsal de "Al Dia"
  • hace 1 día
  • 4 min de lectura

Para los antiguos pueblos mesoamericanos, como los mexicas y los mayas, los sueños no eran simples pensamientos del subconsciente, se consideraban viajes reales del alma fuera del cuerpo y un canal sagrado para comunicarse con lo divino, recibir augurios sobre el destino y procesar la vida espiritual

En el México antiguo existía la creencia generalizada de que no solo los Dioses, sino también los humanos, podían cruzar entre los mundos: físico y espiritual, estos últimos a través de los sueños; de hecho, los humanos podían conversar con seres divinos durante el sueño.

Para los aztecas, uno de nuestros tres centros espirituales clave —el tonalli, que reside en la cabeza— podía abandonar fácilmente el cuerpo y vagar durante el sueño, viajando a lugares sobrenaturales donde habitan nuestros ancestros, a los cielos y a los inframundos. Esto podía ser peligroso, ya que creían que una persona solo podía vivir sin su tonalli por un corto período de tiempo.

Algunas de estas creencias se reflejan en la rica gama de términos del idioma náhuatl relacionados con los sueños y el sueño: Temiqui significa soñar (algo); combinado con el verbo namictia (literalmente, ajustar), temicnamictia significa interpretar sueños. Cochi significa dormir; cochtemiqui soñar; cochtlahtoa hablar dormido; cochitlehualiztli también significa soñar, pero literalmente significa 'surgir cuando uno está dormido'; hualiza es 'despierto', pero literalmente significa 'venir a estar aquí' (esto apoya la idea de que el tonalli viaja durante el sueño); cochitlehua significa 'comenzar a dormir' y también 'ver en sueños”.

El uso de esta terminología se remonta a los mexicas y más allá. Una lista de temas de sueños, se encuentra en el capítulo titulado 'Los cielos y el inframundo' de los Primeros Memoriales de Fray Sahagún. La palabra náhuatl ontemictlamati (conocen en sueños) es reveladora 'porque sugiere fuertemente que los aztecas consideraban los sueños como una fuente potencial de conocimiento, y además... sugiere que consideraban las experiencias oníricas como veraces.

Ahora bien, debido a su profunda importancia, la interpretación onírica era una disciplina vital en su cultura. Los detalles sobre su cosmovisión incluyen –por ejemplo - el espíritu viajero, cuando creían que durante el sueño, el espíritu (como el tonalli entre los nahuas) se separaba temporalmente del cuerpo físico y vagaba por el cosmos o el inframundo, viviendo experiencias reales que revelaban verdades sobre el futuro o la salud.

Entre los intérpretes especializados, existían sacerdotes y adivinos expertos llamados temiquiximatli (conocedores de los sueños) y temicnamictiani (intérpretes de los sueños). Los códices sagrados, cuando los sabios utilizaban libros pictográficos especializados llamados temicámatl, donde registraban y catalogaban los distintos tipos de sueños y sus significados, y los presagios, dependiendo de las imágenes, se podía anticipar el éxito en la guerra, el clima, una enfermedad o incluso la muerte, por lo que tomaban las revelaciones muy en serio para tomar decisiones comunitarias o personales.

Es importante recordar que a través de los relatos de los primeros cronistas y la tradición oral que sobrevivió, existen diversos registros sobre cómo se utilizaban los sueños para resolver problemas concretos, por ejemplo, podemos mencionar la guía de Huitzilopochtli, durante la legendaria peregrinación mexica, el Dios tutelar Huitzilopochtli se aparecía en sueños a los sacerdotes para trazar rutas, darles ánimos y revelarles dónde debían establecerse.

Así como del origen de la medicina tradicional, en las crónicas coloniales se documentan testimonios (como el de la curandera del México colonial que estuvo muerta tres días) donde los ancestros se aparecían en sueños para otorgar dones de sanación, curar enfermedades y entregar herramientas rituales.

Y desde luego de los avisos climáticos y agrícolas, en la tradición nahua viva, los chamanes "graniceros" o tiemperos utilizan los sueños como un taller espiritual donde recibían previsiones meteorológicas y descubren remedios para las plantas, resolviendo así el problema de las sequías o las heladas.

En la antigüedad también existían antiguos códices o manuscritos pictográficos relativos a la interpretación de los sueños. El franciscano fray Toribio de Benavente o Motolinía, uno de los primeros cronistas de la civilización mexica, escribe que “Había entre estos naturales cinco libros como dije de figuras y caracteres: el primero hablaba de los años y tiempos: el segundo de los días y fiestas que tenían en todo el año: el tercero que habla de los sueños y de los agüeros, embaimientos y vanidades en que creían: el cuarto era del bautismo y nombres que daban a los niños: el quinto es de los ritos, ceremonias y agüeros que tenían en los matrimonios”.

Estos manuscritos eran objetos de estudio en los templos-escuelas mexicas, donde se enseñaba a los alumnos: "…amoxxotoca. Yoan vel nemachtiloia in tonalpoalli in temjcamatl, yoan in xiuhamatl." ("Leían los libros. Y era bien enseñada la cuenta de los destinos, el libro de los sueños y el libro de los años.").

Las técnicas adivinatorias y en este caso los sueños representaban un medio de comunicación pero también de intervención para con los dioses, cuyas voluntades podían ser orientadas e incluso manipuladas en un sentido positivo en beneficio de los mortales.


Heidy Wagner Laclette

Cronista Honoraria de Cadereyta de Montes

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